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Si querés conocer mi perspectiva sobre diversos temas relacionados con experiencias extremas en Salud Mental, te recomiendo visitar el Blog.

Expertos Por Experiencia

Expertos Por Experiencia

Más allá de los profesionales de la salud mental, los propios usuarios somos los verdaderos expertos de lo que es un trastorno, porque lo vivimos, y porque desde nuestras vivencias podemos ayudar a otros padecientes.

El otro día en el centro de Salud al que acudo le dije a una de las acompañantes terapéuticas lo difícil que me resulta blanquear mi situación de diversa psíquica. Ella me dijo, espontáneamente:

- ¿Y por qué tenés que decirlo?

Yo le respondí con otra pegunta:

- ¿Y por qué no?

¿Por qué no blanquear mi situación y la de muchos?

Mi situación, como la de tantos y tantas, me ha supuesto la estigmatización, el silencio y vacío por parte del ambiente donde me movía. Poco a poco, y viendo que mi padecer se fue volviendo más y más duro, fui perdiendo amigos que desconociendo el verdadero origen de mi malestar decidieron tomar distancia. Muchos sabían lo que me pasaba, pero aún así se marcharon para siempre y hasta llegaron a juzgarme moralmente. Hay una tendencia a medir la divergencia psíquica con la vara moral, como si tener una condición mental diferente fuera una suerte de lepra o enfermedad contagiosa. La ignorancia al respecto, incluso entre profesionales de salud mental e intelectuales y/o pseudo intelectuales, es garrafal. No sólo no saben, sino que no quieren saber. Hay un miedo visceral a espiar a través de la cerradura, a través del espejo que Alicia se atrevió a atravesar, descubriendo todo una suerte de infiernos y maravillas. El caso es que siempre se sospechan los infiernos, las maravillas prefieren obviarse.

En sociedades como la nuestra, tan prejuiciosas y conservadoras, cuesta concebir que un diverso o una diversa psíquica puedan ser una persona de talento. Se asocian el éxito con la llamada “salud mental”, que la mar de las veces suele ser una etiqueta tan difusa como llevar una etiqueta psiquiátrica. ¡Cuánta gente hay que sin llevar ninguna etiqueta psiquiátrica -no porque sean sanos sino porque son lo bastante narcisistas como para pensar que no les pasa nada- actúa de manera tan divergente como el peor de los divergentes, abandonando, bloqueando, evitando el diálogo, apuntándose al prejuicio y olvidando! ¡Cuánta, pero cuánta! La psiquiatría creó un repertorio de “enfermedades”: una de ellas es el trastorno de personalidad narcisista. Estos nunca van al médico, estos nunca se hacen cargo de sus responsabilidades, porque la responsabilidad, y la culpa, siempre es del otro, del chivo expiatorio, del que es más vulnerable.

Durante el año 2018 nadie me vio el pelo porque caí en una depresión mayor, que antes se llamaba melancólica, con entradas y salidas en psicosis. Ahora bien, si yo les preguntara: ¿qué entienden por psicosis?, quizá se imaginarían a Norman Bates, una imagen de cine, atacando con un cuchillo a la chica en la bañera. Menudo favor nos hace el cine, y también la falta de interés en profundizar en condiciones mentales que dan miedo. Porque todo lo que no se conoce da miedo. Y todo lo que no se desea conocer, da pavor. Además, resta el exitismo. El caso es que hay todo tipo de psicosis, y no todas tienen que ver con la esquizofrenia, ni todas son delirantes. Entrar en psicosis es, básicamente, salir de tiempo y espacio por momentos. Se recomienda que las personas en este estado no se encuentren solas, y yo soporté esta situación en completa, palmaria soledad. De hecho, fueron la soledad y la escasez las que me produjeron ese estado. Recuerdo los tiempos en que lo que más deseaba era llorar en un regazo, o que alguien me abrazara, y una señorita llegó a decirme que fuera a buscar un abrazo a los payasos de la plaza. Luego de lo cual nunca más volvió a hablarme.

También recuerdo a las amigas que se reunían a hablar entre ellas sobre mí, sin que yo estuviera presente (lo supe después), para ver qué hacían conmigo, y si iba a ser necesario internarme o ponerme bajo la tutela de un juez. Nadie me consultó nada: se me trató como a una cosa. ¿Esto es salud mental? Ocurrió porque tuve la mala idea de enviarles varios audios donde, llorando a mares, les pedía por favor que me acompañaran.

Ahora bien, una persona en psicosis puede dar pavor, pero también puede ocurrir que esa persona no se encuentre en psicosis, si no que se encuentre sola y nada más. Completamente sola y sin familia de sangre, con depresión mayor, sin poder comer, bañarse, levantarse de la cama o hacer las cosas que más le gustan. Me pasé semanas enteras sin hablar con nadie, sin que nadie se presentara en mi casa, sin que nadie me llamara. Gente que no me perdonó mi honestidad brutal, y que prefirió refugiarse en la buena fortuna de su “salud mental”.

¿O de su aceptación de la normatividad impuesta?

¿O más bien dentro de su máscara social?

Estoy viva por milagro.Y por fortaleza.

Un año sin pintar, sin escribir, un premio literario que se ignoró y muchas lágrimas en solitario, mientras el ambiente marplatense ni siquiera me preguntó cómo estaba. Pedidos de ayuda por este medio, uno de los cuales fue respondido por una sola persona. Hablo de un estado mental de gravedad, en condiciones económicas más que precarias, con un duelo de por medio y episodios de manía y depresión que el mundo entero prefirió ignorar… porque les daba MIEDO. Se me juzgó en todo momento desde lo moral, desde la molestia que producían mis “demandas”. Se me llamó manipuladora, demandante, loca, bipolar, agresiva, maltratadora. Se dijeron un montón de cosas de las cuales yo no pude defenderme, porque NADIE se presentó para decírmelas en la cara.

Yo a esto le llamo MIEDO. También le llamo ignorancia.

Si escribo este post es para blanquear mi situación real, ya pasada, y para que deje de invisibilizarse a la gente con condición mental diferente. No puede juzgarse moralmente a alguien que percibe el mundo de otra manera, y que no lo hace por maldad, sino por causas que no son comprendidas y que prefieren ignorarse. Visibilicemos, pues, a los divergentes psíquicos. Visibilicemos sus talentos. No somos leprosos, nuestra divergencia no es contagiosa, y puede engendrar creaciones maravillosas, que trascienden los prejuicios de quienes no las padecen. Asomarse al abismo siempre es un lujo, cuando hay compañía que no teme. Asomarse al abismo es extraer material para la creación, la invención de diamantes insospechados.

La delicada frontera entre la "locura" según el patriarcado y la DIVERSIDAD PSÍQUICA real debería revisarse. Y por favor: que se haga urgentemente. Porque lo necesitamos. Hay mujeres pasándoselo muy mal, invisibilizadas por sus propias compañeras de lucha, muchas feministas. Hay mujeres viviendo en la calle por razones psíquicas. Hay mujeres padeciendo realidades de las que se avergüenzan por miedo a ser tildadas de "locas". Y ser "loca" en el sistema patriarcal opresivo, además de invisible, es equivalente a ser marginal, out-sider, bocazas, chapita, disidente, singular, hipersensible, en definitiva: alguien muy poco digna de confianza. Alguien que es mejor discapacitar para que no trabaje, y por ende no cuestione de forma inadecuada el sistema esclavista impuesto por el capitalismo. Alguien que mejor medicamos para que se tranquilice y en lo posible no se reproduzca. Alguien que por no responder a lo normativo, podamos mantener en el tercer o cuarto cinturón del conurbano vital, bajo el padrinazgo de los talleres protegidos y los centros especiales para locos.

Hablo como experta con experiencia.

Sé muy bien por qué estos post tienen pocos ME GUSTAS. Es porque son largos, porque no son narcisistas ni exitistas, y porque la gente le tiene PÁNICO a lo que identifican con "locura",a lo que creen que es. Antes, prefieren guardarla bajo la alfombra. Habrá que empezar por limpiar lo que hay ahí, porque al fin y al cabo, nosotros no somos más que termómetros sociales. Y familiares.

Balbuceos sobre el arte y la locura 1.

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